
El desarrollo de la matemática no es comparable a la formación de un montón de piedras, al que cada generación aporta la suya, sino que cada época reconstruye el edificio con arreglo a planos y cimientos nuevos. La nuestra, rica en nuevos materiales, edifica activamente, y urge por ello preparar a los jóvenes a vivir y orientarse en sil futura casa.Los numerosos maestros que, desde hace unos diez años, se consagran a resolver el delicado problema de la formación, comienzan a recoger hoy el fruto de sus esfuerzos: ciertas ideas que hasta ayer se consideraban como de «vanguardia» son ahora del